|

21/Mar/04, 15:03
|
|
Miembro
|
|
Fecha de ingreso: 19/Sep/05
Mensajes: 96
|
|
decidirse
Decidirse
Caminaba por la calle
meditabunda vacía
recordando un viejo encuentro
añorando su cercanía
me sentí empapada
transpirada
emitiendo mis humores
junto a mis rebeldías
me habían obligado a dejarlo
nadie me lo permitía
ya nunca sería lo mismo
su falta
obsesión inevitable
convertía mis días
en un mañana sin permisos
sin presencia vital
dentro de mi vida.
Había hablado con doctores
con terapeutas
hasta con un nutricionista
y nadie entendía
nada sería lo mismo
sin él, no existe
satisfacción plena
verano ardiente
con una lengua
que ya no era mía.
De pronto,
inmovilizada al verlo
los latidos de mi cuerpo
se apresuraron
sentí un nuevo sudor
gota arrastrada
salada
rozando mis deseos.
Miré a mi alrededor
cada cual tomaba a su antojo
elegido al azar
o pensado
sin ser tan presuroso
me sentí lisiada
apartada
vigilada
apresada
torturada por mi abandono.
¿Cómo explicarle
mi falta de decisión?
¿Cómo decirle
que lo extrañaba?
Él no podía escucharme
Él no tenía mirada
Y yo seguía sintiendo
ser la única culpable
la responsable.
Mis pensamientos
alocados
contradictorios
iban en ascenso
mis sentimientos
no podía
no quería detenerlos
por fin me decidí
lo tomé entre mis manos
miedosa
temblando.
Temía que se resbale
torpe mi cuerpo
inútil
temía una ruptura
temía por mis manos
darle demasiada
temperatura.
Hacía tiempo lo deseaba
lo necesitaba
pensaba en su placer
en mí, con él.
No quería interrupción
quería para mí
todo ese placer
quería en ese momento
tranquilidad
silencio
aislamiento aventurero.
Lo acerqué a mis labios
poco a poco
(¡Qué tormento! Para ese deseo tan loco)
Sentí su aroma
su perfume refrescante
trasmitiendo poco aliento
por temor a perderlo
y comencé lamiéndolo.
Sentí escalofríos,
al darme cuenta
él, volvía
a ser mío.
Entre mi boca y él,
escapó un hilo cremoso,
cayó lentamente
corría por mi mano
pesadamente
convirtiéndose
en algo pegajoso.
.
Sentí que enloquecía
no supe qué pasó
el éxtasis finalizó
culpé al último bocado
una lentitud ausente
al ver cómo se derretía
mi helado.
Texto de Graciela Kiriadre
http://www.kiriadre.galeon.com
|